miércoles, 10 de noviembre de 2010

La chica que escribía te quiero con posos de café.

No eran más de las 6 y ella esperaba de pie a que la máquina de café estuviese preparada para fabricar sonrisas descafeinadas, era miércoles y le sobraba cafeína, sólo necesitaba aroma a café y una ducha bien fría para empezar una nueva historia. Normalmente los miércoles eran los mejores días para inventar historias, casi siempre acababan en almohadas compartidas y noches en las que el minutero del reloj de la cocina decidía tomarse unas vacaciones, dejándote disfrutar de las 24 horas del día amando hasta el próximo café, el cual evidentemente estaría doblemente cargado y acompañado de caricias escondidas en terrones de azúcar. Pero… cuidado, no te pases, ella siempre dijo que disfrutaba las cosquillas de cada sorbo amargo, que es mejor no mezclarlo con otros placeres matutinos…

The Smiths - Nowhere Fast


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